12 abr. 2012

"El portal de las hadas", de Ariel Pytrell

La niña que recibe una visita maravillosa; el hombre de negocios exitoso, a quien el beso de un hada transforma para siempre; el dramaturgo que descubrirá que es un ser distinto del que cree ser; el elfo que habita el fondo de un antiguo aljibe olvidado; la hija del Rey de los Elfos de la Luz, que da claves para lo que, poco después, será un cambio en el mundo; el gran músico que se encontró con una banshee; la terrible hada del invierno que se enamora de un mortal; la Salamandra; la adorable Rizorrojo; la mujer alada y el zapatero; Brania y la certeza del futuro; la Reina de las Hojas; el hada del venado; el filósofo y las ninfas; el día en que los seres maravillosos llegaron a la Tierra.

Los cuentos que integran El portal de las hadas y otros relatos maravi-llosos, más que un catálogo de criaturas extraordinarias, contienen el sabor de aquellas historias ancestrales capaces de llevarnos a todos —adultos con corazón de niños— a los mundos fantásticos, y retomar allí esas imágenes esenciales.


Ya lo habían dejado claro muchos, desde los antiguos hasta J. R. R. Tolkien: los cuentos de hadas refieren una realidad que comparten con los mitos el mundo de lo inefable, las fuentes de una sabiduría milenaria al alcance de la mano. No se alarme el lector si, luego de leer estos cuentos originales, se recuerda a sí mismo y comienza a pensar en imágenes, hablar con seres diminutos, ver sombras luminosas al lado de los zapatos... | Acceder

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