28 abr. 2012

"Sombras sin sol", de David Placeres

Rusia, por décadas un país comunista fieramente protegido bajo una carpa de total privacidad, y aislado detrás de lo que Occidente una vez llamó la Cortina de Hierro. David, un hombre que creció durante los años de la Guerra Fría, estaba fascinado con los países soviéticos. Su coincidente temor y curiosidad se convierte luego en entusiasmo, y una década después de la caída del comunismo, él decide visitar el país para ver por sí mismo que sorpresas tenía Rusia para él.

David emprende un viaje a Siberia, más por su interés de conocer el país que la mujer que había conocido por el Internet, ya que él dudada que ella era confiable. Como si hubiese sido pactado por el destino, él conoce otra mujer, de la cual se enamora a primera vista la noche antes de regresar a Moscú.


“Emanaba de su carácter una dulzura capaz de derretir al más fuerte y más duro. Me fascinó con su voz melodiosa, y su personalidad me atrapó como una araña en su tela. Tenía un magnetismo en su manera de sonreír, acompañado de un aire de inocencia y timidez, que exultaba honestidad y ausencia total de malicia.”

David narra con detalles vivaces su viaje, acompañado también de frustraciones por la diferencia de idiomas, pero lleno de sorpresas con la gente que conoció, al igual que su fascinación con los lugares históricos de Moscú. Él regresa a Siberia seis meses más tarde, durante el invierno, enfrentando temperaturas de 30 grados bajo cero, para reunirse nuevamente con la mujer a quién le dejó su corazón.

Esta no es una historia sobre como arribar a un destino, es sobre la vida, es perseguir un sueño, decidir aventurarse, y aceptar el resultado. Porque sobre todo, la vida es una travesía y nos enriquecemos cuando no aceptamos ser sólo espectadores y nos decidimos a tomar parte activa en la misma. Sigue al autor a través de Siberia y Moscú, y persigue sus pasos con descripciones detalladas y emocionantes de sus experiencias. Entra en su mente y en su corazón, y emociónate con él mientras descubre que los sentimientos no conocen barreras, y sólo están sujetos al destino y al momento oportuno. | Acceder

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