Todas son suposiciones, pero ya percibo el desenlace. La sinopsis infinita del ayer proyectada hacia el futuro igualmente infinito.Percibo desde lejos el desdén y el caos, donde poco a poco, entre los dedos del sueño y de los apetitos más elementales de los seres se va perdiendo el misticismo.
Me refiero: al aspecto venerable de las sementeras y los trigos y a la paradoja doméstica de la mariposa o la amapola. De cómo unos seres tan insignificantes y leves, trasladando de un lado a otro rayos de sol y pole, consiguen transformarse en pan. Me refiero al dolor olvidado y revivido. Al barro y al frío. Me refiero a la ilusión de tantos muchachos que sin pensar por un momento en el peligro se enamoran al instante de princesas. Me estoy refiriendo a Schopenhauer y a Kant. Si los seres humanos tomásemos conciencia de la catástrofe que desde el punto de vista social en algún momento y de manera ineludible se nos vendrá encima con la muerte, seguramente no estaríamos tan tranquilos, ni nos mostraríamos tan soberbios y atrevidos.
Nos pondríamos todos locos.
Por lo tanto parece evidente que existe algún mecanismo de contención, que impide que nos destrocemos la cabeza o la mente contra los barrotes de la carcel cósmica donde nos hallamos presos. Y que como si nada ocurriera, nos planteemos el diamante o el harapo, con la mayor naturalidad. | Acceder