28 may. 2012

"Sentimientos a la deriva", de Omar Santiago Villasmil

“Buscar la verdad es el más importante trabajo del mundo, y el más peligroso.”
James Clavell, a través de Vincent Price – La Mosca, 1958.

"Nada importa"… "Nada importa"… fueron las inolvidables últimas palabras de Louis B. Mayer, magnate multimillonario y vicepresidente de la célebre Metro-Goldwyn-Mayer. Dejó este mundo con el claro deseo de transmitirnos esa enseñanza, en 1957 a los 72 años, después de haber sido bastante activo y poderoso en su medio durante sus dedicados 24 años de labor.


Tal vez mientras vivimos en el bullicio de este agitado mundo no podemos comprender que a nada es conveniente dedicarle, sin el debido control, tanto esfuerzo agotador. Conservar nuestra valiosa e insustituible energía vital tiene mayor valor a cualquier tesoro material que pudiésemos acumular. Nuestra salud, equilibrio y bienestar material dependen por completo de esa trascendental fuerza inmaterial generadora de la vida. El dinero y la posición social aun no pueden comprarla.

Yo me encontraba atrapado en ese inevitable dilema. Mi abrumadora, triste separación de Alena me había dejado solo y desconcertado. Aunque había aprendido a someterme aceptándola, esa impensada circunstancia muchas veces me creaba en forma inesperada, avasallantes oleadas de aflicción induciéndome un incontrolable llanto difícil de sobrellevar.

Jamás quería provocar esta situación. Buscaba lo menos posible entrar en tristeza, porque la consideraba un sentimiento debilitador. Tampoco le permitiría al ego alimentarse con el dolor de esta separación. La fortaleza del ego causa siempre agotamiento que debilita el espíritu. Con esa debilidad surgen los destructores temores originando angustia, desconsuelo y consternación. No podía existir entre nosotros el sufrimiento o la lucha de emociones debido a necesidades, porque no las teníamos. Éramos seres libres, equilibrados e independientes, para permitirle al verdadero amor existir y florecer en nuestra dulce relación. Pero las oleadas de añoranza y soledad me alcanzaban de improviso sin poderlas predecir o controlar. Cuando llegaban, procuraba asimismo desaparecerlas con la misma rapidez. Debía eliminar apresurado ese remanente de ansiedad y aflicción que me dejaban esas pesadas emociones, con la única finalidad de doblegar mi espíritu hacia la negatividad.

La depresión es el alimento para mantener vivas nuestras enraizadas actitudes negativas respecto al mundo y a otras personas. Así al dejarme invadir por la melancolía, me convierto en una víctima de las circunstancias y me vinculo aun más con la causa del problema. También con esa actitud creamos la oportunidad para culpar a los otros por mi propia desgracia. De esa forma garantizo la persistencia del daño causado y llego a verme ante los demás como un ser antisocial amargado, provocando aún mayor rechazo. La tristeza y la depresión emocionales son como una energía contaminada de un inoportuno virus extinguiendo nuestras valiosas reservas energéticas. | Acceder

No hay comentarios:

Publicar un comentario