"La historia de 'La Abuela de Hierro'", de Ricardo Moura

Sacha ha sido llamada “La Abuela de Hierro” por medios periodísticos de todo el mundo. Su historia —una historia de la vida real— es dramática, llena de acción y suspenso, amor y coraje. Aun siendo únicas, sus memorias simbolizan también las memorias de muchos en América Latina.

Nacida en Argentina, de padres españoles, actriz, sensible ante la injusticia, vivió varios golpes militares. Fue torturada y expulsada de Bolivia, donde residía en los '60, a causa de defender los Derechos Humanos. Necesitó cirugía y un año de convalecencia para curar los daños sufridos. Exiliada en el Chile de Allende, fahí se encontraba cuando el sangriento golpe del General Pinochet. Logró huir, pero lo peor aún no había llegado.


Durante su segundo exilio, en Cuba, recibió una terrible noticia: su hija Graciela había sido secuestrada por las Fuerzas Armadas bolivianas, por apoyar una huelga minera. Junto con ella se encontraba la pequeña nieta de Sacha, Carlita. El yerno había muerto.

Sacha comenzó una búsqueda que duraría casi diez años. Desde España, donde se radicó recuperando la nacionalidad de sus padres, inició la campaña que la llevaría a viajar por todo el mundo denunciando el caso y pidiendo ayuda. Buscando pistas, se adentró en un mundo desconocido para ella.

Siguiendo las huellas de sus desaparecidas hija y nieta regresó a Bolivia, donde un nuevo golpe de Estado abortó su investigación cuando estaba próxima a arrojar resultados. Otra vez, debió huir para salvar su vida. Más tarde volvió a Argentina, donde Graciela había sido enviada secretamente desde Bolivia durante la dictadura militar. En Buenos Aires se unió a las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes se habían organizado para buscar a los niños secuestrados junto con sus madres o nacidos en cautiverio.

Finalmente las Abuelas averiguaron la verdad: Carlita estaba en manos de un miembro de un escuadrón de la muerte y comandante de un campo de concentración, quien había falsificado el certificado de nacimiento para hacer aparecer a la niña como hija propia, luego de asesinar a Graciela. Este hombre y su banda estaban en la clandestini¬dad bajo el nuevo gobierno civil.

Mediante paciente trabajo que asombró a los expertos policiales —y adelantándose a los mismos—, Sacha cercó al peligroso criminal. | Acceder