Un elegante ejemplo de la insolidaridad humana y una crítica a la ludopatía como esperanza de los desdichados.Los enemigos de la mujer es la última manifestación literaria del compromiso ético y humano contraído por Blasco Ibáñez a raíz de la Primera Guerra Mundial. Cuando estalló esta contienda, recién llegado a París de su aventura argentina, el escritor puso inmediatamente su pluma al servicio de la causa aliada. Dio testimonio de la barbarie alemana que asolaba pueblos y provocaba terribles matanzas. Pero, aparte de apoyar a los franceses, con quienes se sentía identificado por considerarlos los padres de esos magníficos principios de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, Blasco intuyó muy pronto que el conflicto iba a durar varios años. Los extraordinarios acontecimientos que ocurrían a su alrededor creaban un clima de expectación que le allanaba el terreno a sus propios designios literarios. En la Gran Guerra podía hallar materia novelable y, al mismo tiempo, contaba con la predisposición del público a acoger con interés sus obras. | Acceder
